PASO

29/06/2017 | Opinión |

Los procesos electorales son esquemas reglados con la finalidad de designar a quienes son las personas que van a organizar la sociedad durante un cierto tiempo. O sea se elige dentro de un determinado grupo de personas a los que van a tomar las decisiones que determinen la forma de vida del grupo social. Esto se basa en un conjunto de derechos políticos de elegir a los gobernantes y ser elegido como tal. En un comienzo los electores eran calificados, o sea se requerían ciertas calidades para poder participar de la elección. Como una mejora con miras a dar mayor equidad, se fueron sacando estas diferencias hasta incluir todos los ciudadanos argentinos mayores de edad e incluso menores en forma facultativa. Una de las características del sistema electoral argentino es que es obligatorio, estableciendo incluso penalidades a quienes no participan.

La herramienta que organiza las elecciones son los partidos políticos, reconocidos por el art. 38 de la Constitución Nacional y las leyes que reglamentan su funcionamiento y 88 de la Const. Provincial. De acuerdo a nuestras leyes, para poder llegar a participar de las elecciones como candidato, el postulante debe actuar dentro de un partido político, y es acá donde se conforman las listas o agrupaciones que competirán en representación del partido (o alianza de partidos). O sea que el inicio del proceso electoral se encuentra en esta previa elección dentro de cada partido, y aunque parezca de menor trascendencia que la elección general, sin duda es determinante de la legitimidad de todo el proceso electoral, porque su eficacia asegura el ejercicio del derecho a postularse en igualdad de condiciones, con el requisito del consenso de votantes necesario.

Los partidos políticos, como toda organización de personas, son lo que las personas que lo forman hacen de ellos. Como tal bien organizados son positivos para la sociedad, pero distorsionados son altamente lesivos, esto es cuando su estructura y funcionamiento permite el abuso de poder y la toma de decisión en forma arbitraria por elites privilegiadas, son instituciones altamente nocivas para el sistema democrático, funcionando de filtro y máquinas de impedir en lugar de asegurar el debido ejercicio del derecho a participar en la vida pública.

Las elecciones generales serán útiles para la democracia si quienes llegan a ella son el resultado de un sistema de postulación igualitario que asegura el libre acceso a los cargos, porque de lo contrario las elecciones generales son la fachada de un proceso dañino que solo postula a quienes son parte de un sistema viciado de selección. Se aplicaría en el caso aquella vieja teoría del derecho que dice que el fruto del árbol envenenado tiene consigo el veneno de su origen. Si el sistema de selección interna en los partidos no es transparente ni garantiza la igualdad de posibilidades, las elecciones generales son una “parodia”, una ficción de elección.

Es por esto resulta tan importante la reglamentación del funcionamiento del origen del esquema de postulaciones. En este sentido para transparentar el proceso interno de elección, se establecieron las “PASO” o primarias abiertas, simultaneas y obligatorias, que tanto trastorno causa por la repetición de elecciones y el costo de su producción, cuyo mantenimiento está siendo actualmente cuestionado.

Mariano Sebastian Moro

Abogado

 

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